Encerrado en aquel cubículo de madera, era lo único que en aquel momento podía hacer, además de que claro está, de las ganas que tenía de hacerlo. Antes de aquello, la manera en que las cosas sucedían carecía de importancia y de trasfondo, parecían que no tuvieran un sentido, pero, en el transcursos de esos minutos, dieron un drástico cambio, pareciendo que adquirieran una importancia especial; se convertían en verdaderas sensaciones, era como si el mas insignificante golpe de segundero ganara fuerza y resonancia, como si se tratara de un bodhrán.
Por momentos esa sensación era algo extraña, podía traer a mi memoria momentos del día que, a priori, parecían totalmente impersonales y convertirlos en valiosas joyas de sensaciones y aprendizajes. Por un momento pensé en que llevaba un año experimentando una serie de sensaciones de esa procedencia que en algunos momentos del día me perturbaban los pensamientos, sin excesiva trascendencia.
Después de la adsorción de la tormenta de ideas, decidí dejar de estar encerrado en aquella protección que pensaba me hacia falta. Abrí la puerta y como era de esperar, la situación había cambiado mucho, brillaba un fantástico sol y los charranes cazaban en la orilla del mar. Por un momento pensé que estaban locos, qué extraño impulso les forzaba a estrellarse de aquella manera y con aquel ímpetu contra el agua, ¿cuan locos están? sin asimilar que era otra manera de apreciar un acto tan natural como la caza por la supervivencia, algo que no estamos acostumbrados a ver y que a veces no prestamos atención.
Mi manera de acaecer, no supuso ningún trastorno en la situación excepto para mi, era muy curioso estar allí como si nada me viera o sintiera, como si fuera invisible, era agradable pensar que mi presencia no había alterado los sucesos naturales y materiales que se estaban produciendo, que, aunque pudiera parecer que no estaba pasando nada, eso era lo que mas importancia tenia. De otro modo, Era importante que no pasara nada extraordinario a lo que de normal sucedía, era fantástico poder percibir esa ausencia de suceso anómalo, o mejor dicho, ese suceso silencioso.
Al poco tiempo de estar allí observando, era el frescor el que hacia acto de presencia y clamaba a mi asombro
-me he dormido-
Era tal la armonía del lugar que me había dormido, es difícil conservar ese punto de meditación sin que la conciencia llegue a ese estado de letargo que, llamamos sueño. Es difícil mantenerse en el aquí y ahora.
-¡Vaya!, que curioso, ya nada es igual que antes de dormir, todo ocurre igual pero no con el encanto que me había hecho visitar a Morfeo-.
<<Verdes pensamientos tras una cortina de humo>>