lunes, 21 de diciembre de 2020

As sol des carrer.

No se movía nada, todo estaba parado, esperando ante las atentas miradas de las enormes gaviotas que rondaban por la zona, la llegada de hordas de viajeros que se pensaban que eran trotamundos. 
La falta de viento y el aumento de la temperatura y el sol cálido anunciaban el bullicio por el casco antiguo y las zonas cercanas al puerto. Ya se podían imaginar llenas las calles de gentes, atraídas por querer ver un paisaje que, por mucho que se lo imaginaran y contaran, no iban a poder conocer como realmente se conoce en el día a día, en lo cotidiano de las vidas de cada una de las personas, en la quietud de y frío del invierno, donde se dan situaciones que atronan un imponente silencio después de que el mercado de pescado cierre sus puertas a manguerazos de agua. Un lugar en el que es impresionante cruzarse con los habitantes que rutinarios bajan a Sa Plaça a comprar hortalizas o pescado, que luego cocinarán tras sus verdes ventanas con marcos y contraventanas de madera. Un lugar adoquinado de arena lleno de rincones preciosos desde los que sentarse y poder mirar es cel i escoltar es vent.

Sa Plaça, Mó.  22/04/2012

domingo, 20 de diciembre de 2020

Luces.

Una luz, un rayo de luz, un haz de rayos, que atraviesan todo el espacio a su paso hasta estrellarse contra el suelo lleno de hojas. Entran por la brecha y cruzan el dosel y llegan hasta el fondo del bosque donde se proyectan contra el suelo de forma oblicua dibujando extrañas formas. 
Polvo, trocitos de plantas, de insectos, de suelo, de hongos, de nosotros mismos, partículas que respiramos. Se pueden ver flotando a través del rayo de luz, de su proyección, se les descubre flotando libres, hasta que salen de la luz y vuelven a desaparecer, invisibles, no hace viento. Tanta luz entra que difumina hasta los colores, hace que se confunda el marrón con el verde, el granate de la corteza de pino con el marrón de la tierra, en cambio las partículas de polvo que la cruzan, se pueden ver en un blanco perfecto, se aprecia su relieve, su forma irregular, su proyección, su rotación y su traslación incluso su trayectoria hasta desaparecer al cruzar la luz. Una parte brillante y otra oscura.

domingo, 23 de noviembre de 2014

En compañía de nadie.

Una mañana más, al despertar y con mi rutinario desayuno de café con leche y tostadas en mano..... decidí coger mi cámara de fotos y lanzarme a la carretera con un rumbo un poco efímero y a gastar un poco de gasolina, para como solía hacer, disfrutar de mi soledad; algo que mucha gente teme y no entiende. La verdad es que mi soledad se estaba convirtiendo en mi mejor amiga, todo sea dicho, esto me gustaba, porque no necesitaba a nadie para estar acompañado, pero en parte me preocupaba un poco por la misma razón. No desearía que tanta soledad convirtiera mi manera de ser en una catapulta de rechazos a las relaciones extraindividuales en las cuales también, parecía que me convertía cada vez, más exigente con la gente con la que me juntaba.
Era una mañana bastante fresca y yo, salía con mi coche, ahora sí, con una dirección ya pensada, un pantano al que hacía años no visitaba y que esperaba que trajera recuerdos de mi infancia. Por el camino, seguía pensando en mi soledad, pero esto se acabo en el momento en que salí de la carretera rodeada de fábricas y chalets y comence a ver campos de cultivo de secano y pequeñas montañas que albergaban bosquetes abandonados.
Llevaba mucho tiempo sin salir a la montaña, la playa me tenía un poco absorvido el tiempo y la mente, la soledad de la que hablaba antes se me acrecentaba en mis mañanas de solarium, a barlovento de las dunas. 
Mi destino se aproximaba, me estaba acercando a un sitio al que según mis cálculos, hacia 18 años que estuve y me disponía a recordar situaciones, de las cuales hoy en día apenas tenía vagas imágenes en mi cabeza, iba a regresar a un sitio donde se que lo pase genial pero, en cambio, tengo la sensación de que mi paso por allí no quedo en la memoria de nadie. Fue una época en la que ahora me daba la sensación, de que mi existencia fuera bastante indiferente a todo el mundo del que yo me queria rodear, o quizá reclamaba a un mundo del que yo no pertenecia, lo que éste no estaba dispuesto a entregarme. 
Volviendo al tema, pretendia ir a un lugar del cual me enamoré hace ya mucho tiempo, para conocer como se encontraba en la actualidad y saber si ese amor que yo le tenía era correcto, si aquellos recuerdo e imagenes que tenía eran verdaderas.
Volvía a mi cabeza la soledad y, no entendía como había gente que tenía tanto temor a ella, ¿por qué no saben ser si no es con alguien al lado constantemente?. Estaba claro que era por algún motivo en especial que yo no entendía, la verda sea dicha, yo casi siempre habia estado en soledad relativa aun cuando pensaba que estaba bien acompañado. 
Por fin llegue al lugar donde se sucedío todo, estaba en las mismas condiciones en que en aquella época se quedo tras que nosotros partieramos en el autobus, tenía el mismo encanto del que en aquel momento me enamoré, las pinadas cerradas, donde no entraba un rayo de sol, las chicharras cantando mientras una brisa traia aromas a labiadas. Un grupo de escolares jugaban en los lugares donde yo lo hice en otra era, quizá ellos también memoren estas carreras entre las jaras mientras ven correr a chavales de una generación 18 años más jovenes.....

Al final no son las personas quienes nos hacen compañía, si no, los momentos que con ellas vivimos y se nos vienen a la cabeza transformados en recuerdos, años después.

Pantano de Benageber.  Ag- 2011

martes, 13 de noviembre de 2012

Black Sand



Un bosque verde con grandes individuos, grandes lagos donde se refleja la frondosa vegetación que lo une y enmaraña, gran espesura de musgos y helechos parásitos de la fuerte humedad y las nieblas espesas que al amanecer lo envuelven todo. Muchos seres en él. 
Sonaba el viento en las copas y agitaba las ramas y los troncos y parecía que fuéramos o estuviésemos libres, vivíamos enganchados de esas copas de árboles que nos hacían fuertes, de esas copas que nos alimentaban y nos siguen alimentando, aunque a duras penas. Nos colgábamos de unas ramas a otras, arrancábamos hojas y ramas pensando en que nunca se acabarían, hoy miro hacia arriba y son pocos los que despuntan y se desmarcan, los que ascienden hasta el cenit, son pocos los que también se adentran a descubrir el horizonte que tan lejano se ve, yo simplemente me dedico a ser normal, a no arriesgar, a no desayunar a la hora de cenar, a no cenar a la hora de almorzar, a no ver prostitutas a la luz del día en tugurios más propios de Bukowski, a no maldecir a nadie por la mierda nueva que se ha comprado y hoy luce pensando que es su mejor mierda, solo porque es suya, a no mirar mal al vecino y a su mujer por conocer los ridículos ruidos que hacen cuando fornican.
Salí, pisé la tierra, anduve por la selva observando, con la cabeza altiva, sin saber por qué. Lo controlaba, la gente andaba en sus vidas mientras en mi cabeza sonaba la banda sonora de la mía, relajada y pausada y con sentido, al mismo tiempo las cosas se sucedían, se podía masticar la música y escupir y pisar, mientras caminaba por la selva, rodeado de grandes individuos, mucho más antiguos que yo y con intenciones de no moverse por raras que fueran las situaciones o las ilustraciones. Me podía sentar y observar cual espalda plateada, masticando hojas y más hojas, rompiendo ramas a mi paso. Observaba.
Yo estaba forjado en situaciones de desapego, situaciones de prostíbulo, situaciones de cámara fotográfica antigua, situaciones veladas con tono rojizo y con fondo de habitación de hostal de carretera de esos que por la ventana te molesta la luz del cartel luminoso que anuncia la ricura que te espera tumbada en la cama, con el pelo rojizo, el de la cabeza claro. Estaba forjado en situaciones de bar de carretera en medio del desierto, aunque éste fuera de Albacete y el bar lleno de camioneros comiendo como cerdos y deseosos de pasar un rato agradable con una furcia del Este en una habitación mal oliente. Estaba forjado en situaciones dispares de drogas y alcohol, con gente dispar en lugares dispares y con un par de pros en contra, juventud e ignorancia, pero con una energía extraordinaria para poder superar todas las pruebas de la gincana. 
Había llegado el momento de disfrutar de otro tipo de situaciones, las cuales la vida no estaba dispuesta a ofrecer en estos momentos. Ya no buscaba controversia y prostitutas, estaba cansado del vino y la cerveza, <<esto no quiere decir que los dejara de lado>> buscaba buenos momentos, buenas vibraciones, buenas sensaciones, buenas meditaciones, buena compañía para poder hacer haikus a la luz de una lumbre con una botella de vino peleón, salir a disfrutar de la selva que nos rodea conociéndola y observándola, del cenit, y quien sabe, a lo mejor explorar el horizonte, tan azul y tan verde y tan cambiante según hacia donde se mire, siempre que se mire con una botella de vino en la mano. 
Yo iba a ser uno de los que se adentrara en el horizonte, lo iba a ser; Bukowski en una ocasión dijo, el hombre ha nacido para morir, no le podía hacer caso siempre, no estaba dispuesto a esperar, ya había esperado el autobús y había esperado a que un político dijera la verdad y había esperado tetas en habitaciones de hotel; era hora de hacerle caso a Timoty " el cuerpo está para destruirlo" destruyamoslo, pero no colgados de las ramas que nos alimentan y nos dan cobijo. Todavía no sabía como destruirlo pero ya tenia ganas, estaba deseoso de despegar de tierra, de encontrar la escapatoria de la vorágine en que nos veíamos en la selva. Había que disfrutarlo, había que hacer algo real, había que hacer una real destrucción.

lunes, 28 de mayo de 2012

¿En qué meridiano estamos?

Y bajo un círculo de tela gigante o gigante circulo de gigante tela, pero azul, se posaban ellas, siluetas elípticas de la lujuria french con tonada británica y bikini de tela pero esta vez bastante menos gigante y menos azul pero más multicolor que las caras de los dos troncos que desde unos metros hacia el Este, miran lujuriosos postrados en sus toallas de tela azul bastante gigantes estas, imaginándose rodeados de agua azul y cielo azul nadando con tales ninfas de bikinis y despojados de sus telas ni gigantes ni azules ...

domingo, 8 de abril de 2012

Galeón de roca.


Soplaban vientos que hacían ondear las pequeñas florecillas moradas, que tímidamente asomaban de entre las rocas, mientras la gente paseaba, tratando de ponerse a refugio de una acosante ventisca que parecía invadirnos en cualquiera de los rincones en donde uno pudiera esconderse. El paisaje rupícola daba indicios de lo que ibamos a experimentar fuera del habitaculo en el que nos encontrábamos, pero comó evitar salir a ver tanta belleza atacada por la ventisca, como si de un galeón herrante, en el estrecho de magallanes se tratara.
Las imágenes grises y azules del paisaje, se llenaban de concordancia a manos de un estruendo zumbante que atronaba nuestros oidos y de las formas y tamaños de aquellos riscos que, nos empujaban a llegar hasta el final del camino, de tal forma que recordaba a un plano secuencia floydiano, lleno de psicodelia y emociones con olor a mar. Conforme nos íbamos aproximando a la punta del "barco encallado" la imagen del mar trae a nuestras cabezas historias de bucaneros y piratas que pudieran surcar aquellos mares y que guiados por el faro, que hoy nos vigila desde el punto más alto, atracaban sus bajeles en los puertos naturales de la isla, para poder así pisar tierra firme y comerciar en los mercados de las ciudades y disfrutar de las mujeres que, ligeras de mente y ropa quisieran prestarse en un rato de lujuriosa compañía.
El viento que hoy sopla, nos hace pensar en cuan dura pudiere llegar a ser la vida de un filibustero que a lomos de su nao, cruzaba los mares para combatir allá donde fuere, insufriendo las inclemencias que neptuno le pudiera tener preparadas para su ventura. Pero lo que si que nos quedaba claro, eran las pocas ganas que nos quedaban de vivir aquellos angustiosos periplos, arrastrados día y noche por la galerna marina del Mare Nostrum que, hoy en este cabo nos saluda majestuoso y brillante.




Favaritx.   06/04/2012

sábado, 11 de febrero de 2012

Momentos naturales

Unas cuerdas me separaban de la naturalidad de la creación de muchos años, del único espacio que se salvo de la masacre.
Es alucinante pensar que lo que allí existía, llevaba habitando aquel precioso lugar una inmensidad de tiempo antes de que llegáramos y nos pensamos que son inferiores a nosotros, que podemos quitarlos y ponerlos a nuestro antojo, para hacer con su casa la nuestra, pensando que somos dueños de ese lugar que ellos llevan siglos morando a sus anchas, todo esto me hace pensar en mi viaje, en que me iba a encontrar, en quienes eran los habitantes que llevaban muchas décadas observando a, como yo, gente que viaja a la isla para disfrutar de los lugares que ellos forman, y que nosotros nos encargamos de destruir pensando que somos algo más de lo que son ellos, construyendo nuestras viviendas en lugares que nadie podrá volver a disfrutar ni recordar como esa naturaleza nos brinda, creando un lugar para demostrar un ego "esto es lo que soy porque esto es lo que tengo".
Hace tiempo que pienso en como seria mi adorado Saler sin que los indeseables hubieran construido esos monstruos de piedra que me espían y controlan mientras trato de disfrutar de mis rayos de sol y de las fragancias que tales maravillosos lugares y seres me regalaban sin exigir, cómo sería mi adorado Saler, sin todo el asfalto que le rodea y que lo convierte en un parque, que mas bien parece temático que natural, en que especial tranquilidad lo rodearía, cómo sanaría la naturaleza en aquel momento.
En lo único que ahora pensaba, era en poder encontrar lugares en esa isla que estuvieran vírgenes y cargados de esas sensaciones que todavía aun me transmite el Saler, lugares que, por desgracia, quizá ya no pudiera volver a ver en alguna ocasión siguiente y, es más, que cierta gente me gustaría que viera y disfrutara, para poder compartir sensaciones y experiencias. No puedo parar de pensar en las cosas que voy a ver y pensar en las cosas que quizá después de mi vuelta, ya nunca sigan como son ahora.

Todavía me reenamoro casi a diario, con la belleza de una Devesa que le da sentido a un mundo de locos.

Hay mucho más que decir, hay más tiempo para hablar.

As sol des carrer.

No se movía nada, todo estaba parado, esperando ante las atentas miradas de las enormes gaviotas que rondaban por la zona, la llegada de ...