Rocas negras que suspiran emociones de hace millones de años.
Piroclastos que tienen en su recuerdo, el crecimiento de una selva húmeda, donde hasta las plantas se pierden.
Un barco fitomagmático que navega la costa de África, desde hace milenios y que conoce la historia de como sus moradores sobrevivieron.
Una nao con unos camarotes inexplorados, otros llenos de agua y el camarote magmático, que le da vida a toda esta gran fuente de recursos; la sala de máquinas de este vagel, llena de roca fundida, esperando latente en lo mas hondo de la selva.
Un roque que, acompañado de sus muchachos vigila desde lo más alto dos mares, uno blanco de nuves y otro de agua azul.
Agosto del 11, La Isla Bonita.
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